Algunos porqués del bajo índice de eficiencia energética del parque inmobiliario español

El Plan de Ahorro y Eficiencia Energética 2011- 2020 contiene una gráfica elaborada por el IDAE en la que se clasifican los edificios españoles en el año 2020 en función de una estimación de su calificación energética. Al observarla llama la atención el hecho de que a, pesar de que para ese año la legislación de promoción de la eficiencia energética y el uso de energías renovables en edificios llevará más de 10 años en vigor, el porcentaje de edificios de clase energética G, F y E, los más ineficientes, será del 95%.

Figura 1. Estimación de la clasificación de los edificios españoles en 2020 tomando como criterio su consumo energético. Fuente: Plan de Ahorro y Eficiencia Energética 2011-2020.

Dejando a un lado los inmuebles pertenecientes al patrimonio histórico-artístico, el actual parque inmobiliario español tiene una antigüedad de poco más de un siglo:

Figura 2. Construcción de viviendas hasta 2001 (Fuente: Censo INE 2001). A fecha de 2011 España contaba con 26.018.179 viviendas (INE, 2011)

Su bajo índice de eficiencia energética, sobre todo si se compara con otros países europeos, se entiende mejor a partir de un análisis holístico de su formación y evolución, es decir, valorando el contexto social, los acontecimientos históricos, la aplicación de la normativa técnica de edificación, el concepto de propiedad, el desarrollo de los planes de ordenación urbana o la recepción de las corrientes estéticas internacionales.

 

Período 1900-1939: la recepción en España de las corrientes y tipologías arquitectónicas modernas

Los edificios donde habitamos (viviendas), trabajamos (fabricas, oficinas,..), viajamos (estaciones de ferrocarril,..) y pasamos nuestro tiempo libre (museos, teatros, auditorios, restaurantes, estadios deportivos,…) fueron concebidos a mediados del siglo XIX (primeros prototipos) y han ido adquiriendo su forma actual durante las décadas centrales del siglo XX (consolidación tipología y generalización), conjuntamente con la configuración de la ciudad moderna, con el propósito de desarrollar y satisfacer las necesidades de la sociedad (nuevos sectores productivos, nuevos hábitos de vida y de ocio, etc.). En medio de esta revolución tipológica la vivienda también adquiere la configuración actual, previamente a un debate en el que los principales arquitectos y escuelas proponen las soluciones que mejor optimizan la funcionalidad del espacio y garantizan unas condiciones higiénicas mínimas de salubridad y de seguridad estructural del edificio, permitiendo, al mismo tiempo, la accesibilidad económica de las clases más desfavorecidas.

En las primeras décadas ya estaban definidos los principales modelos que se habían
terminando imponiendo en Europa y en los Estados Unidos: el concepto de raumplan de
Adolf Loos, la garden city de Ebenezer Howard y las propuestas racionalistas adscritas a la Bauhaus (Peter Behrens, Gropius, Mies van der Rohe, Le Corbusier, GATEPAC (García Mercadal, Torres Clavé, Aníbal Alvárez, Estebán de la Mora)).

También en las primeras décadas del siglo es cuando se crean en Europa las bases de lo que van a constituir los Códigos de Edificación en Europa (Woningwet en Holanda, Loi de Habitations á Bon Marché en Francia, Housing of Working Classes Act en Gran Bretaña,…).

En estos momentos no hay una separación nítida entre planificación urbanística, normativa técnica y promoción social de la vivienda (acceso al crédito, planificación estatal de la vivienda, definición del régimen de alquiler, etc.). En España las Leyes de Casas Baratas (1911) y la Ley Salmón (1935), junto con su desarrollo reglamentario, fueron las normas que conformaron el marco jurídico de edificación de la mayor parte de edificaciones hasta el estallido de la Guerra Civil, introduciendo y consolidando la vivienda moderna, funcional y racionalista, entre las rentas bajas, que comenzó a sustituir a las casas rurales, corralas, bloques interclasistas e incluso cuevas que representaban el tipo de vivienda más extendido. Sin embargo, pronto se evidencian los problemas que van a perdurar durante todo el siglo XX y que explican en gran medida el bajo índice actual de eficiencia energética de nuestros inmuebles: la escasez de materiales de calidad, “el construir por construir”, la elección de emplazamientos sin criterio funcional (altos índices de humedad, orientación errónea, etc.). Las normas de edificación no regulan el consumo energético de los edificios, centrándose más en aspectos higiénicos y de salubridad mínima mediante la asignación de ratios de ocupación y de la especificación de criterios de distribución de los espacios habitables. Se debe tener en cuenta que la electrificación masiva y la aparición de la telefonía no fue efectiva sino a partir de las extensas infraestructuras de obra civil realizadas durante el período de la dictadura de Primo de Rivera (1923-1929). Durante este primer tercio de siglo, se comienza a introducir tímidamente los sistemas de calefacción centralizados o individuales mediante radiadores de fundición alimentados por calderas de carbón, combustible que sirve a la vez para suministrar energía a las cocinas de la época. Asimismo, hay que valorar que la comercialización de los primeros y rudimentarios electrodomésticos queda limitada a una estrecha franja de clases pudientes, destinándose el consumo eléctrico de los edificios de la época a la iluminación de los hogares mediante la tradicional lámpara Edison y ,excepcionalmente, a la instalación de ascensores y montacargas. El despegue de la electrificación de las viviendas coincidirá en España con la implantación masiva de electrodomésticos y televisiones a finales de los años sesenta y principios de los setenta.

El número de viviendas construidas en España durante este período (todavía habitables) no es nada despreciable, localizándose, principalmente, en cascos urbanos y en el área rural (en Andalucía asciende a 250.000). A pesar de las rehabilitaciones efectuadas a lo largo del tiempo, la mayoría de estos edificios presentan como principal lastre energético la aparición de problemas aislamiento en la envolvente térmica y la obsolescencia o superposición de las instalaciones de calefacción que suele conllevar una importante reducción del rendimiento de las mismas.


Ver mapa más grande

Figura 3. Edificio de viviendas burguesas  en la calle Jerónimo Zurita, 18 (Zaragoza). Diseñado por García Mercadal, uno de los principales representantes del GATEPAC, durante la “belle époque” (1928). 

 


Ver mapa más grande

Figura 4. Ciudad jardín, en Málaga. Reproduce el modelo de la Garden City de Howard. Su construcción se promovió tras la aprobación de la Ley de Casas Baratas.

Ver mapa más grande

Figura 5. Gran Vía madrileña con el edificio Grassi en primer plano. La mayoría de sus edificios se construyeron antes del estallido de la Guerra Civil. Actualmente se destinan al sector servicios (oficinas, tiendas, medios de comunicación,  cines,…). Al estar catalogados como BICs no le son de aplicación los preceptos del CTE si durante la rehabilitación peligrara su integridad estética.

 

Período 1940-1977: los Planes Nacionales de la Vivienda, el estilo internacional y la gestión urbanística durante el “Desarrollismo”

 Durante este período se construyeron ocho millones de viviendas, constituyendo una parte muy significativa del actual parque inmobiliario. Promovidas en gran medida por los Planes Nacionales de la Vivienda (1953-1969), tenían como finalidad reconstruir las ciudades tras la Guerra Civil, acabar con el problema del chabolismo en los arrabales urbanos y proveer de alojamiento a la población que migraba de las zonas rurales.

La normativa de edificación evoluciona con respecto al período anterior y las disposiciones técnicas adquieren un desarrollo más profesional, si bien todavía existe dispersión y falta de coordinación entre los municipios y regiones españolas (en la memoria básica de los proyectos de ejecución se pueden consultar las ordenanzas o normas comarcales que condicionan el diseño de cada promoción). La Orden 29 de febrero de 1944 por la que se establecen las condiciones higiénicas mínimas de la vivienda y  las Normas Básicas del Ministerio de la Vivienda (aprobadas en 1957) son los referentes estatales. Aunque se trataba de resolver los mismos problemas que en el período anterior, es decir, garantizar unos requisitos mínimos de higiene y salubridad, dignificar la habitabilidad y minimizar el coste económico de adquisición, su aplicación heredó los mismos problemas surgidos con la Ley de Casas Baratas, destacando la utilización de materiales de baja calidad, que son la causa de los actuales problemas de aislamiento. Además, las disposiciones referentes a la iluminación natural, soleamiento y aislamiento térmico tienen por objeto garantizar la salubridad y evitar la proliferación de enfermedades, sin considerar criterios de disminución del consumo.

Sigue sin existir una normativa técnica en el campo de las instalaciones del edificio, a excepción de saneamiento (cualquier profesional advertirá la ausencia del diseño de las instalaciones térmicas o eléctricas en los proyectos de ejecución de los edificios de este período).

En esta época surgen dos nuevas circunstancias que van a acondicionar el perfil del consumo energético del parque inmobiliario español hasta nuestros días:

1.- La aprobación de la primera Ley del Suelo, en 1956: la interpretación  de la normativa urbanística va a permitir que los PGOU, por distintos motivos, autoricen la urbanización de zonas no siempre aptas para la edificación (altos índices de humedad, orientación, etc.).

2.- La introducción de una nueva tipología de edificio propia del estilo internacional: el bloque de hormigón, conformado por formas cúbicas, de líneas rectas y grandes dimensiones que aportan una gran funcionalidad debido a la distribución interna del espacio. Todos los países occidentales lo adoptan para diseñar los edificios de viviendas, universidades, museos, salas de conferencia, espacios culturales, etc., pero especialmente como grandes bloques de oficinas, que representan uno de los mayores lastres energéticos en el sector servicios. En los manuales de Historia del Arte a este período se le denomina como la Vanguardia arquitectónica de la autarquía  y representa la introducción de la estética internacional en España. A pesar del problema energético, la generación de arquitectos españoles pertenecientes a esta corriente (Cubillo y Romany, Sáenz de Oiza, Corrales, Fisac, Coderch, Luis Recasens)  realizó algunos de los ejemplos más representativos del internacional europeo.


Ver mapa más grande

Figura 6. Edificio Ebrosa (1969), destinado a viviendas y oficinas en el centro de Zaragoza. Pese a la belleza estética del estilo internacional,  son edificios energéticamente muy ineficientes.


Ver mapa más grande

Figura 7. Al igual que en el período anterior hay una gran diferencia entre los edificios de viviendas destinados a rentas altas y las promociones de viviendas de protección oficial que, enmarcadas en los Planes Nacionales de Vivienda, se destinaban a clases de renta baja. Como ejemplos, el barrio del Alférez Rojas  ( Zaragoza).

 

Período 1977- 2005. Un paso más en la legislación de edificación: el nacimiento de la normativa moderna de instalaciones del edificio (Normas Básicas de la Edificación)

 Entre 1977 y 2006 (año de aprobación del Código Técnico de la Edificación) se construyeron casi 10.000.000 de viviendas. Se distinguen cuatro subperíodos diferenciados por la normativa aplicable que impulsó la actividad constructiva y la capacidad jurídica del propietario o inquilino:

-1975- 1985: primera reforma de la Ley del Suelo (1975) y de la Ley Hipotecaria (1981).

-1985-1990: entrada en vigor del denominado “Decreto Boyer”, que modificó sustancialmente el mercado del alquiler inmobiliario.

-1990-1998: segunda reforma de la Ley del suelo.

-1998-2007: tercera reforma de la Ley del Suelo (1998) y creación de un nuevo régimen fiscal para la adquisición de vivienda.

Sin embargo, en lo referente a soluciones técnicas este período adquiere unidad en sí mismo, al ser aplicables las Normas Técnicas de la Edificación y las Normas Básicas de la Edificación, aprobadas en 1977 como desarrollo del Decreto 3565/1972, por el que se establecen las normas tecnológicas de la edificación y del Real Decreto 1650/1977, sobre Normativa de Edificación. En su redacción participaron arquitectos e ingenieros que conocían pormenorizadamente la legislación estadounidense y europea de edificación como es el caso de Luis Recasens.

El desfase tecnológico del parque inmobiliario español hacía necesario un cambio legislativo que impulsara su modernización. Se tomaron como modelo los avances alcanzados durante la década anterior en materia de instalaciones térmicas, seguridad estructural o utilización de nuevos materiales. Se puede considerar el nacimiento de la normativa moderna de instalaciones en edificación.

Además, las NBE recogen, por primera vez, el problema del consumo de energía en los edificios. La actividad constructiva de las décadas anteriores (Planes Nacionales de Vivienda, desarrollo urbanístico de la costa a causa del boom turístico de los 60) supuso un crecimiento muy significativo de la demanda energética en el sector residencial, especialmente de electricidad y de combustibles para las instalaciones de calefacción. Este aumento coincidió con la primera crisis energética (1973), que causó la subida del precio del petróleo, haciendo insostenible los niveles de consumo de la época. Por ello, en 1979 se aprueba la NBE de Instalaciones térmicas (primera norma de la edificación en España que trata expresamente el problema del consumo energético; en 1978 se había aprobado en EEUU la National Energy Act, que fomentaba el ahorro energético en edificios y la instalación de sistemas solares).

Desde el punto de vista energético, los edificios construidos durante esta época se caracterizan por la transición desde el carbón hasta el gasoil en las instalaciones de calefacción y por el aumento del grado de electrificación de las viviendas. De hecho, el REBT de 1973 (vigente hasta septiembre de 2003) clasificaba los niveles de electrificación de los hogares en baja, media, alta y especial. Por otra parte, la NBE CT 79 estable el límite del coeficiente K en función del tipo de combustible utilizado en la instalación de calefacción, clasificándolo en dos grupos: sólido y líquido, es decir, caldera de carbón o bien de keroseno o gasoil.

 


Ver mapa más grande

Figura 8. Centro empresarial AZCA (Madrid). La mayoría de sus edificios, entre los que se incluye la actual sede del BBVA o la Torre Picasso, fueron construidos entre 1980-2000. Los edificios del sector servicios (oficinas, centros culturales, universidades, etc.) consumen el 10% de la demanda nacional de energía.

 

Período 2006-2012. La LOE y el Código Técnico de la Edificación. La integración de las energías renovables y los requisitos de eficiencia energética en los edificios

Sumergidos en la corriente posmodernista, vivimos un proceso de redefinición del concepto de la Arquitectura en sí mismo. Resueltos los problemas de seguridad, accesibilidad y salubridad en el edificio, las nuevas preocupación de legisladores, arquitectos e ingenieros se centran en alcanzar el equilibrio entre éste y el Medio ambiente, controlando la demanda de energía, así como la generación y vertido de sustancias contaminantes y residuos. En este contexto las propuestas bioclimáticas se constituyen como los principales motores de cambio al conciliar la aplicación de la revolución tecnológica que vivimos con la recuperación de los principios de la Arquitectura tradicional, por lo que se presenta como incuestionable su liderazgo de vanguardia tecnología y estética en los próximos años.

Como en ocasiones anteriores los cambios deben ir precedidos de reformas legislativas que obliguen a los particulares a aplicar estos principios. La Unión Europea ha creado un marco jurídico que promociona la nueva arquitectura, especialmente en el sector residencial, que ya representa el 40% del consumo total de la energía demandada en la Comunidad. La Directiva 2002/91/CE, de eficiencia energética en edificios, introdujo por primera vez la obligatoriedad de que los edificios cumplieran unos requisitos mínimos de eficiencia energética, incorporaran sistemas de producción de energía a partir de fuentes renovables para autoabastecer la demanda interna eléctrica y térmica, así como que se realizaran inspecciones periódicas de las instalaciones.

Para transponer las directivas europeas de edificación, en el año 2006 se procede a una reforma significativa de la legislación de la construcción en España. Se aprueba la LOE y el Código Técnico de la Edificación (2006). Por primera vez se unifica en una sola norma jurídica todas las disposiciones que regulan el diseño y ejecución de un edificio y sus instalaciones, excepto la eléctrica sujeta al REBTde 2002. Asimismo, se traspone la normativa europea de edificación. La Directiva 2002/91/CE se incorpora al ordenamiento interior español en el año 2006 a través del DB HE Ahorro de Energía del CTE, el nuevo Reglamento de Instalaciones Térmicas en Edificios (2007) y el Real Decreto 47/2007, de certificación energética de edificios de nueva construcción. La transposición coincide con la paralización abrupta de la actividad constructiva en España, por lo que los objetivos fijados en el Plan de Ahorro y Eficiencia Energética 2004-2008 y el Plan de Energías Renovables 2005-2010 en relación con el sector Edificación no lograron cumplirse, si bien han permitido que tanto la biomasa como la energía solar térmica  hayan comenzado a presentarse como alternativa posible a las energías convencionales.


Ver mapa más grande

Figura 9. Barrio de Miralbueno (Zaragoza). La urbanización de los extrarradios  urbanos (2000-2007) fue, en la mayoría de ciudades españolas, previa a la entrada en vigor del CTE, por lo que, a pesar de ser edificios “nuevos” no reúnen los requisitos de eficiencia energética exigidos por la Unión Europea. 

Hacia 2020: el edificio de consumo energético casi nulo

La nueva Directiva 2010/31/CE, de eficiencia energética en los edificios (refundición de la Directiva 2002/91/CE) abre una nueva etapa en la construcción europea. Establece las medidas legislativas, junto con su cronograma de aplicación, para que todos los edificios que se construyan en la Unión Europa a partir de 2020 sean de consumo energético casi nulo (calificación energética A). En España la transposición de la Directiva supondrá la reforma, entre otras normas técnicas, del  Código Técnico de la Edificación, del Reglamento de Instalaciones Térmicas en Edificios y del Real Decreto 47/2007 (ya se encuentran redactados todos los borradores en espera de ser aprobados), ya que se endurecerán los requisitos de eficiencia energética exigibles, así como la cuota mínima de producción de energía a partir de fuentes renovables.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>